Ahí estaba, chiquito, amoroso, tan delicado que no sabía bien cómo tomarlo entre mis manos. Parecía que aquel zocalito divino me sonreía, mientras yo me preguntaba cómo era posible que alguien lo hubiera dejado abandonado.
Ahí estaba, chiquito, amoroso, tan delicado que no sabía bien cómo tomarlo entre mis manos. Parecía que aquel zocalito divino me sonreía, mientras yo me preguntaba cómo era posible que alguien lo hubiera dejado abandonado.