Le pregunté a una amiga qué guardaba en su galpón. “Vamos a ver”, respondió. Casi de inmediato, el chirrido de la puerta y una tímida hebra de luz pusieron fin al olvido. Un viejo autito rojo saboreó entonces la gloria de reconocerse descubierto.
Le pregunté a una amiga qué guardaba en su galpón. “Vamos a ver”, respondió. Casi de inmediato, el chirrido de la puerta y una tímida hebra de luz pusieron fin al olvido. Un viejo autito rojo saboreó entonces la gloria de reconocerse descubierto.