Un cajón-bodega

Pasé junto a él y no pude mirar para el otro lado. Era un cajón grande, como de una cómoda. Estaba en medio de la acera, ya resignado a la falta de una estructura que lo contuviera. Ignoraba que aquella aparente condena daría inicio a una bella transformación.

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Crédito: Preciosa Basurita

Estaba sucio y lo limpié. Lo miré una y otra vez, preguntándome cómo le infundiría nuevos bríos. Hasta que se me ocurrió darlo vuelta. Es decir, ubicarlo verticalmente de modo que la pared trasera quedara apoyada contra el suelo.

Noté que parecía una casita. Ya me estaba empezando a divertir.

En paralelo me propuse conseguir tapones de corcho, que casi siempre son desechados cuando se abre y se termina una botella de vino. Cosa que es una lástima, ¿no? Porque el corcho es un material reciclable y suprarreciclable. Además, se me antoja que arrojar los corchitos a la basura es faltarle el respeto al alcornoque (Quercus suber), que para brindar este producto debe añejarse como el líquido espirituoso que con tanto celo custodiará después.

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Crédito: Preciosa Basurita

No fue fácil rescatar esa cantidad de corchitos, por lo que inicié una pequeña campaña de recolección. El proceso llevó bastante tiempo pero dio sus frutos: recibí varias donaciones sin las cuales no podría haber concretado este proyecto de suprarreciclaje.

Cuando finalmente conté con la cantidad necesaria, los partí al medio y, con cinta de doble faz, fui adhiriendo cada una de esas mitades a lo que ya entonces se vislumbraba como el techo de la casita (originalmente la parte frontal del cajón).

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Crédito: Preciosa Basurita

El resultado fue una preciosa bodega con tejas de corcho. Un mueble en sí mismo, inicialmente diseñado como parte de mi Proyecto Sótano, que tuvo que interrumpirse por reformas en el espacio que estaba decorando.  (La fotografía está tomada en otro lugar, pero la idea es reanudar el proyecto cuando finalicen las obras).

Ubicar la bodega en el sótano siempre me pareció, además, muy coherente. ¿O acaso habré visto demasiadas películas? No lo sé. Lo único que puedo asegurar es que antes de escribir este post no bebí. Aunque sí lo escuché a Bob Marley cantando Red Red Wine (¿qué tiene de malo ser obvia de vez en cuando?).

Advertencia: si bebe no escriba, podría derramar las palabras.

Ahora bien: si usted no necesita saborear ningún vino para volcar textos en manteles y servilletas, si se regocija haciendo tintinear copas y sustantivos, si tiene la firme convicción de que el mejor sujeto se encuentra a la vuelta de la esquina y no les teme a los predicados infames… Bueno, quién le dice que un día no tenga usted un blog.

Eso sí: cuando lo tenga haga el favor de tutear, ya que si ustedea le acusarán de faltarle el respeto al género. Que no es tan añejo como el alcornoque o el vino, pero se merece la mayor de las reverencias.