Renovando una silla con mínimos recursos

Había una vez una oficina que estaba actualizando su equipamiento. Sus dueños decidieron deshacerse de sillas (de ese modelo típico de sillas-de-sala-de-reunión) que lucían realmente deterioradas pero no por eso perdían funcionalidad. Rescaté una.

Fue complicado limpiar la cuerina del asiento porque estaba muy venida a menos y se descascaraba a cada intento. De todos modos, lo logré.

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Crédito: Preciosa Basurita

La estructura metálica y las rueditas se encontraban en buenas condiciones y no requirieron mayor intervención.

Lo más importante, entonces, era conferir valor estético a este mueble, que básicamente estaba afeado por el constante uso de que había sido objeto a través del tiempo.

La solución fue mucho más sencilla de lo habitual. Bastó con colocar por encima una hermosa bufanda tejida, cuyas medidas se adaptaron a la perfección a las de la silla.

Las bufandas, chalinas y pashminas suelen ser geniales opciones a la hora de encarar proyectos de este tipo, porque aportan calidad, calidez, textura y color. Y tienen también la ventaja (como en este caso) de que, si no es necesario modificarlas para integrarlas al nuevo objeto, pueden volver a usarse en su modalidad original si así se desea.