Un ropero-escalera

No tenía ningún tipo de ropero y tampoco dinero para comprarlo. Así empecé con esta aventura de convertir un objeto en otro. ¡Esto del suprarreciclaje tiene algo de magia que cautiva! 

Necesitaba hallar algo que me permitiera guardar prendas y zapatos. Miré a mi alrededor. Entre los pocos objetos que me rodeaban había una escalera metálica que alguien había dejado olvidada y que se utilizaría apenas circunstancialmente. Me di cuenta de que tenía la solución ante mis ojos.

Ubiqué la escalera en un recoveco del monoambiente y cubrí sus manchas de pintura blanca con cinta adhesiva decorativa. Puse dos pares de zapatos en cada uno de los escalones, y también en el piso, y usé el asa superior como perchero para sacos y chaquetas. En el medio ubiqué valija (con ropa adentro), mochila y bolsos, todos sobre el piso, a fin de optimizar el espacio. Las carteras encontraron su sitio en la base superior de la escalera y en algún rincón libre.

Útil, práctico y estético, este nuevo mueble se convirtió en una de mis (re)creaciones favoritas.

Es verdad: esta escalera no estaba en el contenedor de basura, no es que alguien antes la consideró un residuo. Pero estaba sin utilizar, casi como un estorbo en medio de un espacio pequeño, y esto fue una solución a varias puntas. Es decir: resolver cómo hacerme de un mueble donde guardar ropa, zapatos, chaquetas, y a la vez dónde colocar la escalera mientras no se usaba como tal. Finalmente, la metálica estructura también salió ganando, ya que cobró un indiscutido protagonismo en este ambiente minimalista.

Y es que el suprarreciclaje tiene como parte fundamental la resignificación del objeto, más que su intervención radical. Se trata, precisamente, de utilizar algo que ya existe sin alterarlo en su composición básica (eso sería reciclar, a secas). Por eso hablamos de “reutilización creativa”. Decidir que un producto que antes servía para una cosa ahora sirve para otra y comenzar a utilizarlo en función de esa idea es también parte de la filosofía verde y, por lo tanto, de la economía circular.

En otras palabras, se trata de posibilitar un “eterno retorno” de los objetos, para ahorrar energía y recursos, para contaminar menos el ambiente, para tener una mejor calidad de vida.

Y, como en la teoría de Darwin, el objeto que sobrevivirá (al contenedor de residuos o al triste abandono en un galpón) será el que mejor se adapte a cada nueva realidad.